A principios del 2000, la animación japonesa –animé- tuvo un nuevo auge de difusión en Argentina gracias al lanzamiento de ediciones nacionales de comic japoneses –mangas-, la proliferación de eventos y las facilidades otorgadas por la descargas de archivos a través de internet. A diferencia del anterior estallido, que se registró a mediados de los 90, cuando se comenzaron a transmitir animés por canales de aire y posteriormente por cable, en esta nueva oleada empezaron a hacerse visible grupos de fanáticos que tenían como afición disfrazarse de sus personajes favoritos. En el mundo, esta práctica es conocida como cosplay, de la expresión en inglés costume-play.
Esta actividad no se limita sólo a la animación japonesa, abarca también varios ámbitos más entre los que se destacan los videojuegos y las series de ciencia ficción occidentales.
En la actualidad, el nivel de los cosplayers argentinos -así se denomina a quienes realizan cosplay- es reconocido mundialmente y su exposición va en aumento, ya que participantes locales han ganado competencias internacionales y son numerosos los certámenes nacionales que ofrecen la posibilidad de participar. A la par de esta popularización, también fue creciendo la importancia del cosplay en los eventos en los que antes sólo era un entretenimiento más.
"Considero el Cosplay como una sinergía de distintas artes, la creatividad manual de un artesano o pintor, tales como el teatro, la música o danza a la hora de darle vida al personaje en la propia piel. Sin mencionar estos factores, sólo queda un grupo de gente crecida que juega a disfrazarse rayando lo under con lo anormal" sostiene Victoria Ruíz Menna, creadora del grupo Cosplarg, que actualmente funciona como foro discusión.
En relación a los eventos, que crecen vertiginosamente en cantidad, Victoria indica que actualmente hay dos corrientes muy divergentes entre sí en cuanto a la organización y en la fomentación del cosplay. "Por un lado, hay una que intenta incentivar desde el punto de vista de la diversión en sí, el hobby como uno más, sin tanta difusión masiva, sólo para los que están dentro del mismo ambiente. Por el otro lado, está una que intenta como profesionalizarlo, venderlo como un producto con la correspondiente propaganda", concluye.
En sintonía, Maximiliano, organizador de eventos y miembro del club de fans del animé Sailor Moon En el nombre de la Luna opina que: "La mayor y más radical diferencia entre la década pasada y ésta con respecto al animé, es la forma de relacionarse con las producciones japonesas, que a su vez incide en la forma de relacionarse entre los aficionados. Por un lado la cantidad de series a las que se tenía acceso era muy inferior, apenas una docena que emitían por televisión".
Argentina es bicampeón del Yamato Cosplay Cup Internacional, la primera competencia de cosplay que integra a varios países de América como Brasil, Chile, Argentina, México y Estados Unidos, entre otros.
"Más que una competencia fue un experiencia cultural. El hecho de poder conocer en el mismo lugar a tantas personas de países diferentes y con los mismos gustos fue emocionante. Como se podría haber esperado de cualquier evento masivo donde hay premios importantes, en este caso no hubo rivalidades, al contrario, hubo mucho compañerismo. Después de dos años de haber ido a esa competencia, mi recuerdo más importante no es el de haber sido la primera ganadora de la Yamato Cosplay Cup, sino de la maravillosa experiencia de conocer lugares nuevos y gente tan especial. Espero que muchos más cosplayers argentinos puedan seguir yendo a esa competencia", cuenta Ana María Barrios, primera ganadora argentina de la Yamato, en 2008.

0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada